Estimados maestros:
Escribo esta crónica ya pasada la explosión de sentimientos que mis neuronas soportaron en la tarde de ayer. He reposado y sopesado lo vivido y leído y valorado un sin fin de crónicas, de las que hay para todos los gustos (un ejemplo de ambas versiones
A favor -
En contra). Los más puristas, con el reglamento en mano, puede que tengan razón y que "Arrojado", el toro indultado, no diera un juego tremendo en el toreo de capa, que no entrase al caballo desde el medio del ruedo, que fuera algo "anovillao" (cumple los 4 años en el ya pasado mes de Abril) o que Manzanares se hiciera el remolón un par de veces al entrar a matar. Pero algo por dentro a mí me decía que ese animal no tenía que morir. Yo, un aficionado de relativamente reciente cuño, entiendo la tauromaquia como sentimiento, como arte que despierta los sentidos. Y "Arrojado" junto con Manzanares, ayer me hicieron disfrutar de una manera sublime. No se puede torear más despacio, con una composición de la figura tan perfecta, sin estridencias y con la elegancia por bandera; y no se puede humillar mejor, con un juego por ambos pitones soñado sin cansarse en su empeño de embestir y embestir y embestir... fue algo apoteósico. ¡¡Como os eché de menos, maestros, por no poder compartir con vosotros tan extraordiario momento!! En especial al Maestro Tati, con el que no sé cuantas llamadas intercambié durante y tras el festejo.
Mi título original de esta crónica iba a ser "¿Por qué?": ¿Por qué le tocó el primero de la tarde (quizás el mejor toro de la tarde) a Julio Aparicio? ¿Por qué Morante salió directamente con la espada de matar en su segundo?¿Por qué he tenido la suerte de vivir esta tarde de toros?¿Por qué cada vez que viene mi apoderada a los toros siempre pasan cosas? Pero Manzanares se empeñó en que mi título no podía ser ese. Este torero está forjando su nombre con aleación de elegancia, lentitud, temple y profundidad de la que creo que se hablará muchos años. Desde que le ví un cambio de manos en el Puerto de Santa María en otra tarde para el recuerdo, está siempre en los primeros puestos del escalafón Hermosero (y siempre en el primero de mi apoderada...). Casi nunca me he ido de la plaza sin disfrutar de su toreo, pero lo de ayer tanto en el primero como en el segundo fue mágico.
Así que prepárense maestros porque mi vaso de arte rebosa Manzanares y este que les escribe les promete destellos de elegancia y templanza en las próximas fechas en tierras remontinas.
Resumen de la corrida:
JULIO APARICIO, de añil y oro. Bajonazo (pitos). En el cuarto, dos pinchazos y estocada (pitos y más pitos).
MORANTE DE LA PUEBLA, de verde Betis y oro. Media trasera y descabello (ovación). En el quinto, media y cinco descabellos (pitos).
JOSÉ MARÍA MANZANARES, de purísima y oro. Indultó al tercero. En el sexto, estocada algo tendidilla (dos orejas). Salió por la Puerta del Príncipe.
Resumen fotográfico (disculpen las fotos pero mi móvil no da para más):
Retirando la lona antes de la corrida. Menos mal que desde hace un par de años tenemos esta lona que deja el ruedo en perfecto estado incluso después de lo que llovió antes del festejo.
En Sevilla siempre hay glamour. En este caso y como la Duquesa de Alba está muy vista, os dejo a mi vecino de entrada; el cantante de Gabinete Caligari.
Julio Apacicio con el toro que mejor pinta tenía de toda la corrida de Núñez del Cuvillo (una gran corrida).
Morante de la Puebla en su primer toro, que nos dejó momentos de la gran clase que atesora. Si no llega a pinchar seguramente se hubiera llevado trofeo. ¡Qué derechazos nos dejó Morante! sin olvidarnos del quite al primero de Aparicio, otras tres verónicas y media para el recuerdo.
Manzanares con
Arrojado, de fondo Tejera con
Gallito... no puedo describirlo con palabras.
El maestro Hermoso y su apoderada con Manzanares dirigiendose al Príncipe.
A la gloria...